Lejanos están los tiempos de principio de siglo XX
cuando Argentina era 3º en el mundo de exportaciones “per
capita” después de Holanda y Bélgica, seguido
por Canadá Inglaterra y EE.UU. y 9º en el monto
bruto total de exportaciones, pero debemos considerar que el
escenario comercial actual no es el de entonces, han pasado
dos guerras, procesos globalizantes, el inicio y caída
de sistemas socialistas, y cambio en las preponderancias económicas.
Pero Argentina también ha tenido sus propios avatares
no siempre acompañando a estos cambios que le hubieran
permitido crecer acorde o mantenerse entre los líderes.
De hecho que hemos recomenzado una y otra vez luego de tantas
otras caídas, y ahora notamos que estamos repitiendo
el ciclo. Hemos comenzado una etapa activa de exportación,
asistida por la diferencia cambiara, y ahora asistida tal vez
porque es la única salida para el empresariado argentino.
Quizá no importen las razones, lo importante es que pareciera
que estamos despegando.
Hemos analizado los números del intercambio del año
2003, y notamos que, tanto los destinos como los valores han
sufrido variaciones de consideración. Los destinos ya
no son los “clásicos” de la Unión
Europea o Estados Unidos, o sin ir mas lejos nuestros vecinos,
el real crecimiento se observa en los nuevos mercados.
Así, por una parte el tráfico con la U.E. en
el 2003 creció un 14% frente al año anterior,
al igual que Chile que subió un 8% en los mismos periodos,
en tanto que el aumento con Asia Oriental fue del 57%, y la
China “la Estrella de Oriente” muestra un crecimiento
en nuestras exportaciones del 116% respecto del periodo pasado,
pasando de un 1.180 a 2.550 millones de dólares, en tanto
que los parámetros preliminares de este año quizá
aún nos muestren un mayor crecimiento.
Medido en otros parámetros, cerca del 10% de nuestras
exportaciones en este momento tienen como destino China, mercado
cuasi desconocido por lo lejano, costoso de llegar, misterioso
y principalmente con diferencias culturales profundas.
Obviamente que este aumento se centra prácticamente
en el monoproducto, la soja, pero es un paso, y muy importante,
porque es la embajadora, que puede ser portadora de muchos otros
de nuestros productos, ya muchos le están siguiendo,
tal el caso de los vinos y otros ciertos alimentos, pero sin
duda que es el mercado potencial por excelencia de hoy, y muchos
empresarios así lo están comprendiendo.
Creo que debiéramos analizar críticamente las
posibilidades, pero no solamente desde un punto de vista comercial,
es decir con el interés centrado en la exportación,
sino ver el tema desde el punto de vista cultural.
Para comerciar con un pueblo dueño de tan rico historial
cultural, debemos entenderlo y comprenderlo, respetarlo para
recién luego tratar de satisfacerlo. No son nuestros
tiempos, sino los de ellos, ni nuestros productos, sino los
que ellos desean o necesitan, y no serán nuestras condiciones
sino las que se consensuen entre ambas partes. No se puede juzgar
una cultura con los mismos patrones con los que juzgamos a nuestros
actuales compradores. Para ser exitosos en este nuevo mercado
que tan tentadoramente se nos presenta deberemos gestionar culturalmente
nuestras exportaciones.
©
Copyright 2004, by Carlos A. Ledesma
NOTA:
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