Es posible aún recordar, cuando Argentina, no hace
mas de 50 años, con una población de 17 millones
de habitantes, exportaba sus cereales y carnes, cueros y algunos
productos intermedios como huevo seco y extracto de carne, propio
de la posguerra, a su tradicional auto comprador del Reino Unido,
y algunos frutos y productos similares a los Estados Unidos,
por un total de mil quinientos millones de dólares; o
a épocas más recientes, cuando solo quince años
atrás, cuando las exportaciones anuales argentinas rondaban
los cinco mil millones, y sin ir más lejos al 2002 cuando
los valores de exportación alcanzaron los 25.000 millones.
Cerramos el año 2004 habiendo exportado unos 33.500
millones, cuya composición es relativamente incierta
en términos absolutos, dada la fuerte dependencia de
ciertos productos básicos, tales como la soja, y la fuerte
suba de precios experimentada en el sector, lo que supone que
a valores normales, o a los nuevos luego de la caída
de los precios de los commodities, el crecimiento fue decididamente
moderado, y más teniendo en cuenta la fuerte presión
sicológica de la ya agotada diferencia cambiaria a nuestro
favor.
Los valores absolutos argentinos cambian de signo en su importancia
cuando se relativizan frente a la situación de otras
economías similares de países semejantes en el
globalizado escenario de los negocios internacionales.
Así México, con quien hemos compartido simetrías
en el plano económico, pasa de exportar 50.000 millones
en 1993 a los 500.000 millones en el 2004. Es posible que haya
incidido en este salto su integración al NAFTA, junto
a Canadá y EE.UU., pero por otra parte Argentina, pertenece
al Mercosur, que a la vez tiene acuerdos comerciales de desgravación
con otros países de América, EE.UU., la Unión
Europea y hasta con Egipto, que no son aprovechados convenientemente.
La ventaja comparativa cambiaria surgida en el 2001 que las
empresas tomaron como competitiva se está agotando, las
importaciones están tomando nuevamente valores normales
relativos a las exportaciones, por lo que si no se dinamizan
las exportaciones de valor agregado y se atomizan los actores
internacionales, necesariamente repetiremos los ciclos históricos.
Por el momento, la balanza comercial es superavitaria, pero,
con la caída de los precios internacionales, una esperada
leve alza de las exportaciones industriales, es posible que
cerremos el año a la par.
En el ámbito internacional no ha ayudado por una parte
la situación de default, la falta de confianza de los
inversores, que siguen prefiriendo a México y Brasil
y no a Argentina, y los constantes desacuerdos en los rubros
de calzado, textil, electrodomésticos, papel y otros
con los socios grandes del Mercosur.
A nivel doméstico uno de los grandes escollos continúa
siendo la falta de créditos razonables con los cuales
soportar los procesos logísticos de abastecimiento, producción
y distribución internacional, el pernicioso y cruel juego
entre incentivos y derechos, así como la decadente burocracia
y su cadena de costos formales e informales.
Si no se transitan en lo inmediato nuevos caminos de especialización,
transparencia, equidad y asistencia crediticia blanda, es posible
que las exportaciones argentinas tiendan en el presente año
a una fuerte desaceleración o decrecimiento y continúen
dependiendo de los avatares de los mercados de commodities.
©
Copyright 2005, by Carlos A. Ledesma
NOTA:
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