Peripecias de un Exportador

Por Carlos A. Ledesma

Luego de la división de tierras al fallecimiento de don Rosendo Torque, su hijo Federico quedo con una pequeña finca y bodega en La Consulta, Mendoza, a la par de sus otros tres hermanos, además de dos de las marcas para sus vinos varietales Malbec, Cabernet y Syrah.
Federico, Enólogo y con una maestría en Administración, y con cierto capital, se esforzó en armar su propia bodega, dentro de las nuevas categorías de “boutique” buscando hacer la variedad Malbec, con poca madera, y Syrah para ajustarse al gusto europeo, logrando al cabo de tres años de intensa tarea, una producción cercana a las 14.000 botellas.

Durante el 2003 y parte del 2004, Bodegas Torque, denominación ésta de la bodega de Federico, ayudado por dos consultores en comercialización de exportaciones, viajó por distintos países, visito varias ferias internacionales del sector y frecuentó diferentes canales de la comercialización de vinos en Europa, especialmente en algunos países de Escandinavia.

En total realizó seis viajes, efectuó remisiones de muestras y ajustó varias de las etiquetas y contra etiquetas a los idiomas del país comprador, lo cual le llevó las erogaciones de su inversión a un nivel cercano a los us$ 12.000.

En sus viajes, descubrió que podía ser muy buen negocio no apuntar a la venta de grandes cantidades, que por otra parte no disponía sino por el contrario, personalizar el producto en función de ciertos compradores exquisitos que privilegiaban calidad, y respeto de las normas del JIT (just in time), principalmente en cuanto a puntualidad de entrega, además obviamente de un precio ajustado a tal nivel de cantidades.

Quedo gratamente sorprendido cuando recibió una solicitud por parte de una cadena de restaurantes de Copenhaguen Dinamarca, que le hacia un primer pedido de 500 botellas semanales por cuatro embarques, y la promesa de incrementar a 1000 botellas por semana.

El comprador, exigía además de las características prometidas en cuanto a botella, su culote, corcho y envase, una etiqueta original pero con la marca o nombre del comprador, una contraetiqueta con descripción de los aspectos técnicos y burocráticos en danés, y un collarín de botella con una breve descripción de la zona de producción en danés e inglés.

Asimismo, la condición fue que el exportador debía hacerse cargo de los aspectos logísticos hasta la entrega en el punto final fijado en el depósito del comprador, a fecha cierta. Consecuentemente con este punto, solicitaba la primera partida de producto para el viernes posterior a las siguientes tres semanas, y el comprador se comprometía a abonar bancariamente el precio acordado inmediatamente después de haber recibido en tiempo y forma la partida.

Respecto del precio de venta, solo podemos decir que fue muy ventajoso, ya que con un costo de us$ 2,20 FOB la botella, transformada en un CFR Copenghagen de us$ 3,18 el Comprador Danés por botella recibida abonaría 32 coronas danesas es decir el equivalente a us$ 5,30.

El dilema primero que se le presentó a Federico fue la cantidad de etiquetas a hacer imprimir, ya que por solo las del primer embarque (500) o en el mejor de los casos los primeros cuatro embarque (2000) el costo era relativamente alto respecto a mayores cantidades. Asimismo, se encontró que el costo de envío de las 500 botellas de Mendoza a Buenos Aires era también relativamente alto respecto de mayores cantidades. Recién ahora se daba cuenta que los consultores habían realizado los cálculos del precio de exportación considerando una unidad de carga de un contenedor o sea unas 14.000 botellas, y no para embarques aéreos de 500 botellas como en este caso.

Los costos y honorarios por la exportación, y la obtención de los certificados necesarios, al no ser porcentuales, incidían fuertemente en el precio unitario, por lo cual, su utilidad inicial prevista de us$ 2,12, se vio rápidamente reducida a us$ 1,23.

Federico, para reducir fuertemente la incidencia del flete aéreo, pensó en mandar un embarque marítimo consolidado, pero desistió cuando advirtió que el tiempo de tránsito del cargamento sería de aproximadamente 27 días, pero se propuso firmemente estudiar otras alternativas para los próximos embarques.

Cuando la partida estaba lista, hubo fuertes presiones y tensiones ya que los proveedores de las etiquetas no terminaban de entregarlas, considerando que para ellos era un trabajo menor.

Finalmente el martes previo a la fecha prevista para la entrega, envió la partida para que fuera embarcada por vía aérea el miércoles. Obviamente no se puede prever todos los imponderables, y ocurrió que un corte de caminos por motivos sociales le impidió llegar al aeropuerto a tiempo para embarcar y gozar del flete preferencial consolidado que había contratado, por lo que la carga tuvo que ser embarcado con un recargo de casi el 26% en la tarifa en un vuelo siguiente, incidente que redujo su utilidad a us$ 0,98 por botella.

El comprador no se mostró muy complacido con los sucesos, ya que la mercadería llegó justo el viernes prometido, pero desde luego que los trámites aduaneros y de contralor, y más teniendo en cuenta que era la primera partida, insumieron tres días, por lo cual se perdió de poder vender la partida el fin de semana previsto, y redujo la cantidad de embarques pendientes a solamente dos, y en forma condicional a que los proveedores regularizaran la logística de distribución.

Por si fuera poco, y por la propia inexperiencia, Bodegas Torque debió soportar el costo de us$ 140.- de un correo especial para remitir el certificado de análisis del vino para la Unión Europea, ya que el que se había enviado no correspondía.

Federico estaba realmente desilusionado y con muchas ganas de abandonar el proyecto, pero, pensando en los esfuerzos que había realizado se propuso revisar el proceso crítico, detectar los puntos de quiebre del proceso y actuar preventivamente.

Hoy, luego de transcurridos ya tres meses de aquella primera experiencia Federico visita frecuentemente a su cliente, y ha cumplido totalmente con las exigencias de su comprador. Se ha comprometido íntegramente con el proyecto, mandó a imprimir 20.000 etiquetas y ha enviado a su costo un contenedor por vía marítima a Dinamarca para poder disponer de la mercadería cerca del cliente para poder realizar las entregas puntualmente, sin demoras y hasta eventualmente aumentar la cantidad si hubiera un sobre pedido. Ha contratado una empresa de logística especializada en el norte de Europa y viajó especialmente a Copenhaghen para fiscalizar los tiempos del trámite aduanero de importación y evitar demoras, lo que le permitió llevar el precio CFR a $ 2,45 por lo que ahora si, su utilidad por botella se ubica en los us$ 2,85

En el orden local, Federico, ha contratado un enólogo a quien delegó el trabajo en la finca, en tanto que él trabaja ahora junto a su cliente para afianzarse en el mercado conquistado. Ya en el tercer embarque aéreo le ha enviado sin cargo 200 botellas para promoción y degustación entre los clientes de la cadena de restaurantes, lo que le ha valido un incremento en las unidades compradas semanalmente de las 1.000 previstas para este tiempo a 1.400 botellas.

En el último viaje, Federico se ha hecho tiempo para cruzarse a Suecia con la tarjeta de presentación y cumplimiento de sus compradores daneses, para prospectar el mercado de Malmo, ya que los restaurantes daneses le han pedido la exclusividad para toda Dinamarca.

 

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