El
momento actual en Argentina, por conducto de la diferencia cambiaria
positiva, se mostraría como favorable para que muchos de nosotros
pensemos en encarar proyectos internacionales de exportación.
No
obstante esta aparente brecha de más del 250% respecto de los
valores de la convertibilidad sería razonable de considerar otras
cuestiones que eventualmente pudieran relativizarla.
La
primera cuestión podría ser el "menage a trois" entre 1) el costo
- tipo de cambio de los insumos; 2) el tipo de cambio tomado para
convertir el costo en pesos al precio de venta internacional;
y 3) el tipo de cambio real a aplicar al convertir las divisas
a pesos al momento del efectivo cobro.
La volatilidad de esta relación tripartida, en función de los
diferentes momentos en que se producen, brinda una importante
cuota de inseguridad al margen de utilidad apetecido.
Otra
de las cuestiones es la referida al efectivo costo de los insumos
tanto locales como de importación, que no han quedado congelados
a diciembre pasado sino que han acompañado y acompañan el comportamiento
de la divisa norteamericana, a lo que habría que adicionarle la
falta de liquidez y el costo de financiamiento.
En
consecuencia, considerando que el costo de la mano de obra no
ha sufrido el aumento que han tenido los insumos, los productos
que tengan mayor incidencia de este rubro en el costo serán aquellos
que obtengan una mayor diferencia de valor y aumenten la ventaja
cambiaria. En contraposición, los productos con fuerte presencia
de insumos importados minimizan la ventaja cambiaria.
Una
tercera cuestión estaría referida a la poca disponibilidad en
cantidad y calidad de insumos, partes y piezas críticos (avíos
para los textiles; maderas para los muebleros, etc) que limitan
los factores cuali y cuantitativos de la oferta exportable.
No
podemos dejar de mencionar la tecnología al nivel de tecnología
aplicada a los procesos productivos que tienen directa relación
no solo con la cantidad de unidades a producir sino también con
el nivel de exquisitez del cliente y del mercado de destino.
No menos importantes son los recursos económico - financieros
disponibles, tanto propios como fácilmente obtenibles que le permitan
transitar cómodamente el camino de inversión que la exportación
supone.
Al
respecto y salvo casos puntuales sería inconveniente pensar en
obtener réditos de la exportación en lo inmediato, ya que en un
promedio ponderado, una operación de exterior se realizará en
no menos de 14 a 18 meses de gestión. Significa esto que la exportación
como proyecto no es ni puede ser tomada como una solución de coyuntura
circunstancial.
Una
importante cuestión adversa puede ser la falta de experiencia
y dinámica en el comportamiento de los mercados externos, cuyo
desconocimiento sobre su accionar, usos y costumbres, que constituyen
un desafío particular para quien decida intentarlo.
La
volatilidad de los mercados y la baja credibilidad de bandera
constituyen sutiles amenazas que no serán de fácil sorteo por
parte de los operadores novatos.
Por
otra parte, un importante aspecto positivo lo constituye sin duda
la reducida cantidad de unidades de productos disponibles para
ofertar que nos permiten acceder más fácilmente a canales de comercialización
más cercanos al usuario o consumidor final, con la consecuente
ventaja en el precio al eliminar márgenes de contribución de canales
intermedios.
Este
panorama no pretende ser ni pesimista, ni mucho menos desalentador
para quienes estén intentando una salida al exterior, sino más
bien instarlos a "mirar antes de saltar" para que realmente la
inserción en los negocios internacionales sea lo más exitosa posible.
En este contexto sin duda la profunda crisis económica y de mercado
que atravesamos es el mejor motor que nos está propulsando.
©
Copyright 2002, by Carlos A. Ledesma
NOTA:
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